viernes, 24 de julio de 2015
Aunque estén los días nublados
Aunque estén los días nublados, no importa. Afuera está el día gris. Hace frío y hay mucho viento. Sé que tú estás trabajando. No importa que tardes. Yo te espero. Soy paciente. Desde tu partida en las mañanas hasta tu llegada en las noches. Aunque estén los días nublados afuera. Aquí en casa te espero. Porque aunque estés fuera, estás dentro. Tu perfume, el de tu piel, el de tu cabello, impregnado en mi cuarto, como si aquí estuvieras. Y aquí estás en todo. En la ventana del cuarto, en los muebles, en la luz de las lámparas, y en tu ropa resguardada en el ropero. Este olor de jardín que abandonas en la puerta todo el día lo tengo. Y bien que sabes que aunque estés en el trabajo, con tus proyectos, yo te espero. Llueve afuera. Son días de mucha lluvia. Se oye en las noticias, media ciudad inundada, tráfico y caos. No importa, yo te espero. Con delicadeza te preparo el alimento. Aunque estén los días nublados. Porque esta casa es tu reino. El de los dos. Aquí viviremos...
viernes, 17 de julio de 2015
La Despedida
Siempre es un momento difícil. El momento crucial en que nos alejamos de lo que queremos. De lo que estamos acostumbrados a vivir día a día. De lo que nos da felicidad o de lo que nos da tristeza. Aquello que nos acompaña comúnmente. Pero es un momento inevitable. Porque forma parte de la ley universal del cambio. Todo se mueve. Nada se queda quieto. Y en esa ley universal nos llega inevitable, la despedida.
Recordarán a aquel hombre que viendo un partido de fútbol frente al televisor, sentado en el sillón, en la sala de estar de su casa, mientras sus dos hijos pequeños se divertían en el piso con algunos juguetes, inmerso él en la emoción del gol de su equipo favorito, de repente se puso de pié y se dirigió a su mujer que en la cocina lavaba los trastes y le dijo: "Mujer, voy por unos cigarros". Ella lo miró y asintió con la cabeza. Él se dirigió a la puerta, la cruzó hacia afuera y se enfiló a la calle. Pues bien en cruzando la puerta ya nunca volvió, nunca nadie volvió a saber de él. De eso hace ya muchos años. Sus hijos crecieron. La mujer, en espera aún de aquel hombre. Nunca hubo una despedida. Y por ello, un gran hueco en el corazón de la pobre. Esta historia es de sumo conocida por todos. "El hombre que salió por cigarros y nunca volvió". Las malas lenguas dicen que tenía otra mujer y que por ello decidió abandonar el primer hogar. Otros varios, que le conocieron bien, aseguran que a él lo mataron, que andaba en malos pasos porque tenía deudas fuertes con ciertos personajes de mala reputación. Y que lo que pasó fue que mientras el hombre se dirigía al tendajón por cigarros lo abordaron oscuros hombres en la calle y con arma de fuego en mano calibre treinta y ocho y/o cuerno de chivo lo obligaron a subir a un auto de vidrios polarizados. Y de ahí más nada.
Una mujer aseguraba que lo había visto entrar alguna vez en la estación del metro Pino Suárez de la mano de otro hombre. Más nada. Su mujer aún lo espera. Faltó la despedida.
La despedida. Necesaria para dejar ir aquello que se quiere. Para liberar aquello que se aleja. Un ser querido, un familiar, un ser amado. Un amigo, un colega. Incluso un lugar, un pueblo, un barrio, una colonia. Incluso un trabajo, un taller, una oficina. Incluso un objeto, una cosa muy preciada.
Y es por ello, que una mujer aún espera a aquel hombre. Porque no hubo despedida...
Diose el caso hace un tiempo también de una mujer oriunda de esta colonia. Vivía sola, ella de edad avanzada, digamos, lo que se dice adulta mayor. Bueno, en realidad no vivía sola. Tenía en su casa con ella doce gatos. A los cuales amaba. No le conocían otra familia los vecinos. Ellos eran su propia familia. Y ella se desvivía por ellos. Y ellos la acompañaban. Resultóse que en cierta ocasión los vecinos de tiempo atrás molestos por la cantidad de gatos que la mujer poseía denunciaronla ante las autoridades de control canino y gatuno. Y después de muchas visitas y citas de los representantes de control animal, le fueron decomisados. Triste y traumática situación para aquella mujer, que poco pudo hacer para recuperarlos. Y como sola la casa, sin sus habituales habitantes que la acompañaban, la mujer sola ahora sí se quedó. La pequeña casa ahora se le hacía inmensa sin sus amados amigos. Y la melancolía le consumía. Y de mucha tristeza enfermó. Y otros síntomas aparecieron y consumían su salud. Ya los dolores reumatoides, ya la migraña, ya la tos, ya la hinchazón de los pies. Porque pensaba mucho en ellos. Los extrañaba....No hubo despedida....
Caso conocidísimo. Una desdichada mujer que vivió en México en remotas épocas. Dícese que era española y que vino a estas tierras durante la colonia. Esposa de un hombre de gobierno que servía a la corona. Pero otros dicen que su origen era otro. Que ella era una noble indígena de los tiempos del imperio azteca. Pero hay quienes aseguran que era una mujer humilde macehual que vivió y sufrió la guerra de conquista. Lo cierto es que esta pobre infeliz perdió los hijos. No hay verdad absoluta en la forma. Los unos aseguran que en cada embarazo durante el parto los pequeños cuerpos surgían inertes del vientre. Y que nunca tuvo el placer de acariciarles o amamantarles vivos. Los otros afirman que los niños fueron robados y nunca aparecidos. Algún preciado cronista aseguraba que durante un paseo en barcaza, los niños jugando cayeron al agua y que la corriente los había tragado. Los más, dicen que los hijos eran jóvenes guerreros al servicio de su noble rey azteca Motecuzoma ó Axayacatl. Que murieron durante las guerras de conquista. Y un antiguo escribano defendió siempre la tesis de que las pobres criaturas habían muerto de hambre durante el asedio español a la noble capital azteca. El hecho es que una pobre mujer perdido para siempre había los hijos. Y por ello, eternamente infeliz vive en el inframundo y ahora eternamente llora su ausencia. Durante las noches regresa al mundo de los vivos y se lamenta dolorosamente por los hijos perdidos, le llaman en nuestros días "la llorona" ....No hubo despedida...
Recordarán a aquel hombre que viendo un partido de fútbol frente al televisor, sentado en el sillón, en la sala de estar de su casa, mientras sus dos hijos pequeños se divertían en el piso con algunos juguetes, inmerso él en la emoción del gol de su equipo favorito, de repente se puso de pié y se dirigió a su mujer que en la cocina lavaba los trastes y le dijo: "Mujer, voy por unos cigarros". Ella lo miró y asintió con la cabeza. Él se dirigió a la puerta, la cruzó hacia afuera y se enfiló a la calle. Pues bien en cruzando la puerta ya nunca volvió, nunca nadie volvió a saber de él. De eso hace ya muchos años. Sus hijos crecieron. La mujer, en espera aún de aquel hombre. Nunca hubo una despedida. Y por ello, un gran hueco en el corazón de la pobre. Esta historia es de sumo conocida por todos. "El hombre que salió por cigarros y nunca volvió". Las malas lenguas dicen que tenía otra mujer y que por ello decidió abandonar el primer hogar. Otros varios, que le conocieron bien, aseguran que a él lo mataron, que andaba en malos pasos porque tenía deudas fuertes con ciertos personajes de mala reputación. Y que lo que pasó fue que mientras el hombre se dirigía al tendajón por cigarros lo abordaron oscuros hombres en la calle y con arma de fuego en mano calibre treinta y ocho y/o cuerno de chivo lo obligaron a subir a un auto de vidrios polarizados. Y de ahí más nada.
Una mujer aseguraba que lo había visto entrar alguna vez en la estación del metro Pino Suárez de la mano de otro hombre. Más nada. Su mujer aún lo espera. Faltó la despedida.
La despedida. Necesaria para dejar ir aquello que se quiere. Para liberar aquello que se aleja. Un ser querido, un familiar, un ser amado. Un amigo, un colega. Incluso un lugar, un pueblo, un barrio, una colonia. Incluso un trabajo, un taller, una oficina. Incluso un objeto, una cosa muy preciada.
Y es por ello, que una mujer aún espera a aquel hombre. Porque no hubo despedida...
Diose el caso hace un tiempo también de una mujer oriunda de esta colonia. Vivía sola, ella de edad avanzada, digamos, lo que se dice adulta mayor. Bueno, en realidad no vivía sola. Tenía en su casa con ella doce gatos. A los cuales amaba. No le conocían otra familia los vecinos. Ellos eran su propia familia. Y ella se desvivía por ellos. Y ellos la acompañaban. Resultóse que en cierta ocasión los vecinos de tiempo atrás molestos por la cantidad de gatos que la mujer poseía denunciaronla ante las autoridades de control canino y gatuno. Y después de muchas visitas y citas de los representantes de control animal, le fueron decomisados. Triste y traumática situación para aquella mujer, que poco pudo hacer para recuperarlos. Y como sola la casa, sin sus habituales habitantes que la acompañaban, la mujer sola ahora sí se quedó. La pequeña casa ahora se le hacía inmensa sin sus amados amigos. Y la melancolía le consumía. Y de mucha tristeza enfermó. Y otros síntomas aparecieron y consumían su salud. Ya los dolores reumatoides, ya la migraña, ya la tos, ya la hinchazón de los pies. Porque pensaba mucho en ellos. Los extrañaba....No hubo despedida....
Caso conocidísimo. Una desdichada mujer que vivió en México en remotas épocas. Dícese que era española y que vino a estas tierras durante la colonia. Esposa de un hombre de gobierno que servía a la corona. Pero otros dicen que su origen era otro. Que ella era una noble indígena de los tiempos del imperio azteca. Pero hay quienes aseguran que era una mujer humilde macehual que vivió y sufrió la guerra de conquista. Lo cierto es que esta pobre infeliz perdió los hijos. No hay verdad absoluta en la forma. Los unos aseguran que en cada embarazo durante el parto los pequeños cuerpos surgían inertes del vientre. Y que nunca tuvo el placer de acariciarles o amamantarles vivos. Los otros afirman que los niños fueron robados y nunca aparecidos. Algún preciado cronista aseguraba que durante un paseo en barcaza, los niños jugando cayeron al agua y que la corriente los había tragado. Los más, dicen que los hijos eran jóvenes guerreros al servicio de su noble rey azteca Motecuzoma ó Axayacatl. Que murieron durante las guerras de conquista. Y un antiguo escribano defendió siempre la tesis de que las pobres criaturas habían muerto de hambre durante el asedio español a la noble capital azteca. El hecho es que una pobre mujer perdido para siempre había los hijos. Y por ello, eternamente infeliz vive en el inframundo y ahora eternamente llora su ausencia. Durante las noches regresa al mundo de los vivos y se lamenta dolorosamente por los hijos perdidos, le llaman en nuestros días "la llorona" ....No hubo despedida...
miércoles, 15 de julio de 2015
Un México, Muchos Méxicos
México, no es sólo uno. México es muchos. Si estás en la ciudad tienes un México. Si estás en un barrio tienes otro. Si estás en una calle, otro distinto. Si cruzas esa calle y te posas en otra diferente, viene otro México más. Y no sólo los lugares, sino las personas, todas somos Méxicos diferentes. Quien es rico y quien es pobre. Ahí tienes, son dos Méxicos. Dos orígenes distintos, dos rutas disímbolas. Quien es de la ciudad y quien es del campo, son dos Méxicos aparte. El uno es empleado y el otro campesino. Y no se diga del dinero. Quien vive en la opulencia y quien vive en la carencia. Quien lo tiene todo y quien no tiene nada. Quien tiene la despensa llena y quien pasa hambre. Ah, y si hablamos de comportamientos, quien vive en el bien y quien vive en el mal. La persona buena y la persona mala, el criminal. Entonces, ya no hay moral.
Somos muchos en uno y uno dividido en muchos. La diversidad.
¿Cómo hacer entonces para unificarlo? ¿Cómo estar todos en uno?
México, Gran México !!!
Somos muchos en uno y uno dividido en muchos. La diversidad.
¿Cómo hacer entonces para unificarlo? ¿Cómo estar todos en uno?
México, Gran México !!!
domingo, 7 de junio de 2015
Cuauhtémoc frente a Hernán Cortés
Gruesas lágrimas brotaban de los bellos ojos del príncipe emperador. Y frente a él, el teúl. Cuasi un dios, el capitán español. Cortés veía la hermosa figura del joven príncipe. Él, el gran guerrero azteca, humillado y derrotado, le dirigía sus palabras. Su mandíbula tornase rígida y los ojos vidriosos. Lloraba. Lloraba y al mismo tiempo hablaba. Cortés no le entendía. Los soldados españoles le detenían por los brazos. Y un esclavo negro en tremenda prisa le ataba los pies con una gruesa soga. La soga apretaba los sagrados pies que calzaban sandalias de rey, hechas de piel de venado. Los otros príncipes guerreros que a él le acompañaban corrían la misma suerte. El mismo tratamiento. Presos al fin. Botines de guerra. Los últimos hombres del linaje Tenochca-Tlatelolca. Rodeados de gruesos contingentes de soldados y guerreros enemigos. Sus mujeres, esposas, madres y hermanas, reinas y princesas, que al final con ellos se habían quedado, a gritos lloraban. Veían a su rey príncipe emperador humillado, atado y vencido frente al capitán español.
México, la Gran Tenochtitlan desaparecía....
México, la Gran Tenochtitlan desaparecía....
sábado, 6 de junio de 2015
Maximiliano también vino de lejos
Maximiliano también vino de lejos....
No era de esta tierra. Que al final la hizo suya, eso que ni qué. Él, eterno enamorado de México. Vino de muy, muy lejos. Bueno, no vino solamente así. Lo fueron a traer. Y vino. Gustoso vino. Y con él su bella esposa Carlota. Cómo va usted a creer. Dos reyes en México. Llamábanles emperador y emperatriz. Qué hermosos eran. Pero no eran de aquí. Y por eso muchos no los querían. Pero muchos sí que sí los quisieron. Y eso fue como un cuento. Un feliz cuento al principio. Todo fue miel y rosas. Los recibieron muy bien las gentes de sociedad. Y muchos los quisieron. Todos estaban emocionados porque teníamos emperador. Oh, sí, emperador y emperatriz, como en otros bellos países, ricos y poderosos. Pero no eran de aquí. Ah, pero se hicieron de aquí. Él hizo suya la ciudad capital y también la campiña en Cuernavaca. Y ella, pues ella, era la reina emperatriz de esta tierra. Lástima. Al final todo se perdió. Fue algo tan bello como para ser verdad. A él lo mataron y a ella le quitaron la cordura...
No era de esta tierra. Que al final la hizo suya, eso que ni qué. Él, eterno enamorado de México. Vino de muy, muy lejos. Bueno, no vino solamente así. Lo fueron a traer. Y vino. Gustoso vino. Y con él su bella esposa Carlota. Cómo va usted a creer. Dos reyes en México. Llamábanles emperador y emperatriz. Qué hermosos eran. Pero no eran de aquí. Y por eso muchos no los querían. Pero muchos sí que sí los quisieron. Y eso fue como un cuento. Un feliz cuento al principio. Todo fue miel y rosas. Los recibieron muy bien las gentes de sociedad. Y muchos los quisieron. Todos estaban emocionados porque teníamos emperador. Oh, sí, emperador y emperatriz, como en otros bellos países, ricos y poderosos. Pero no eran de aquí. Ah, pero se hicieron de aquí. Él hizo suya la ciudad capital y también la campiña en Cuernavaca. Y ella, pues ella, era la reina emperatriz de esta tierra. Lástima. Al final todo se perdió. Fue algo tan bello como para ser verdad. A él lo mataron y a ella le quitaron la cordura...
viernes, 5 de junio de 2015
Aunque ande en valle de sombras
Ellos vinieron y tocaron fuertemente la reja en la calle. Me asomé por la ventana y vi quiénes eran. Bajé y abrí la puerta de la casa. Di otros pasos y entonces abrí la reja. Ya frente a frente, yo mudo. Uno de ellos dijo: "Vinimos por tí. Sabíamos que estarías aquí". Me dió un fuerte golpe en la cara con un arma que traía bajo su chamarra. Me estremecí del golpe y casi caigo. Me tomaron de los brazos y me dirigieron a su vehículo...el infierno comenzaba.
Mientras sufría la tortura por parte de mis captores pensaba en tí. Pensaba mucho en tí. En medio del terror de la tortura mi mente estaba en tí. Y no sólo en tí, sino en mis hijos. Y en cualquier momento estaba seguro de que sucumbiría. Ellos ya lo habían afirmado. Me iban a matar. No amanecería. Tal cual, no vería más la nueva luz del día. Imposible sobrevivir a la amenaza y a la tortura. Uno o dos días o tres días desde que me agarraron. Qué horror.
Ése que le decían "Marianito" desde un inicio no se cansó de pegarme. Ah, que sí, era un total enfermo el tipo. Que digo enfermo, psicópata malnacido. A puro puño limpio me tuvo. Y yo, siempre amarrado, representaba sólo un mísero costal de papas recibiendo tremenda tunda. Y aquel, sí que disfrutaba darme castigo el tipo. Ay, que Dios le perdone al infeliz. Le recuerdo bien, tenía su cara como de perro. Ay, que me disculpe tan noble animal por tan baja comparación. Pero cómo me dió. Hubo momentos que mi cuerpo ya no resistió. De tanto dolor me perdí. Me perdí o me morí. Tal vez, de seguro me morí. Era mucho el dolor. Sí, yo creo que me morí porque sino no sé como aguanté tanto. Que dolor y que frío.
"Y aunque ande en valle de sombras ..."
Mientras sufría la tortura por parte de mis captores pensaba en tí. Pensaba mucho en tí. En medio del terror de la tortura mi mente estaba en tí. Y no sólo en tí, sino en mis hijos. Y en cualquier momento estaba seguro de que sucumbiría. Ellos ya lo habían afirmado. Me iban a matar. No amanecería. Tal cual, no vería más la nueva luz del día. Imposible sobrevivir a la amenaza y a la tortura. Uno o dos días o tres días desde que me agarraron. Qué horror.
Ése que le decían "Marianito" desde un inicio no se cansó de pegarme. Ah, que sí, era un total enfermo el tipo. Que digo enfermo, psicópata malnacido. A puro puño limpio me tuvo. Y yo, siempre amarrado, representaba sólo un mísero costal de papas recibiendo tremenda tunda. Y aquel, sí que disfrutaba darme castigo el tipo. Ay, que Dios le perdone al infeliz. Le recuerdo bien, tenía su cara como de perro. Ay, que me disculpe tan noble animal por tan baja comparación. Pero cómo me dió. Hubo momentos que mi cuerpo ya no resistió. De tanto dolor me perdí. Me perdí o me morí. Tal vez, de seguro me morí. Era mucho el dolor. Sí, yo creo que me morí porque sino no sé como aguanté tanto. Que dolor y que frío.
"Y aunque ande en valle de sombras ..."
martes, 2 de junio de 2015
Y nos sigue lloviendo, lloviendo...y lloviendo en la Ciudad
Y nos sigue lloviendo....
Llueve y llueve. Llueve mucho. Y nos llueve por todas partes. Esta lluvia no perdona. Todos nos mojamos. Y de tanto llover ya nos choca tanta agua. Llueve por aquí y llueve por allá. La ciudad se inunda. Se inundan las calles y las colonias. Y la lluvia crea torrentes y con los torrentes se van las cosas. Es decir, de tan fuertes las lluvias las corrientes de agua arrastran muchas cosas. Sillas, mesas, sillones y salas, colchones y edredones. Ahí van, en medio del agua. Y asimismo, una que otra mascota, un perro, un gato, un perico. Todo arrastra el agua. Tan es así que carros y casi casas completas se lleva. Ya no caben tantas cosas. Rio San Joaquín, Río de los Remedios, Río Tlalnepantla, Río Amecameca y Río Churubusco. Son grandes rutas llenas de agua y de cosas. La ciudad se inunda. Y al mismo tiempo se hunde. No es por demás que las calles son canales vivos de gente y cosas. Como un gran barco, como un gran acorazado, en medio del agua, la ciudad se va de uno y otro lado y se hunde. En esta gran cuenca, en este gran valle. Llueve y llueve. Y no para de llover...
Dicen que a Don Diego, el de la tienda, se lo llevó el agua. Hace dos días. Pobre Don Diego, murió ahogado, seguro. Aún no lo encuentran. Y su mujer y sus hijos, qué pena. Están muy atormentados de no saber de él...
Resulta que en Indios Verdes las coladeras en vez de estar absorbiendo el agua la escupían a borbotones. Se reportaron varios autos varados y cientos de gentilciudadanos nadando entre las avenidas tratando de salvar la vida y sorteando el líquido asesino.
Y en Izcalli se reportaron varias colonias bajo el agua. No era mentira cuando los profetas vaticinaron que las ciudades desaparecerían bajo el vital líquido. Nuestra Atlántida moderna, Izcalli.
Llueve y llueve. Llueve mucho. Y nos llueve por todas partes. Esta lluvia no perdona. Todos nos mojamos. Y de tanto llover ya nos choca tanta agua. Llueve por aquí y llueve por allá. La ciudad se inunda. Se inundan las calles y las colonias. Y la lluvia crea torrentes y con los torrentes se van las cosas. Es decir, de tan fuertes las lluvias las corrientes de agua arrastran muchas cosas. Sillas, mesas, sillones y salas, colchones y edredones. Ahí van, en medio del agua. Y asimismo, una que otra mascota, un perro, un gato, un perico. Todo arrastra el agua. Tan es así que carros y casi casas completas se lleva. Ya no caben tantas cosas. Rio San Joaquín, Río de los Remedios, Río Tlalnepantla, Río Amecameca y Río Churubusco. Son grandes rutas llenas de agua y de cosas. La ciudad se inunda. Y al mismo tiempo se hunde. No es por demás que las calles son canales vivos de gente y cosas. Como un gran barco, como un gran acorazado, en medio del agua, la ciudad se va de uno y otro lado y se hunde. En esta gran cuenca, en este gran valle. Llueve y llueve. Y no para de llover...
Dicen que a Don Diego, el de la tienda, se lo llevó el agua. Hace dos días. Pobre Don Diego, murió ahogado, seguro. Aún no lo encuentran. Y su mujer y sus hijos, qué pena. Están muy atormentados de no saber de él...
Resulta que en Indios Verdes las coladeras en vez de estar absorbiendo el agua la escupían a borbotones. Se reportaron varios autos varados y cientos de gentilciudadanos nadando entre las avenidas tratando de salvar la vida y sorteando el líquido asesino.
Y en Izcalli se reportaron varias colonias bajo el agua. No era mentira cuando los profetas vaticinaron que las ciudades desaparecerían bajo el vital líquido. Nuestra Atlántida moderna, Izcalli.
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